Esa puerta giratoria de eventos humanos es a veces un entretenido carrousel. Es en realidad lo que sucede entre cada entrada y su respectiva salida cuando se lleva a cabo la vida y sus lecciones que en eslabones van dando forma a nuestra trayectoria humana. Las entradas son siempre bienvenidas, esperanzas, inversiones, retos, curiosidad, nuevas oportunidades. Las salidas son despedidas, resultados, cosechas, desprendimiento, resignacion, triunfos, descanso. Ambas conllevan una extensa gama de emociones y ambas necesitan un periodo de preparacion y un periodo de ajuste. Ambas implican cambio, resistencia, rebeldia y lucha contra la inercia.

No podemos recordar el dia en que entramos por vez primera a casa de nuestros padres. Desde luego todos merecemos un recibimiento con amor aunque no siempre es el caso. Para mi suerte tengo la fortuna de contar con un escrito que mis padres me dedicaron antes de nacer. Por otro lado, pocos podran decir que el dia que salieron de casa de sus padres estubo marcado por felicidad y regocijo. Ciertamente que para mi no fue ese uno de mis mejores dias.
Al entrar en nuestras vidas, los hijos nos llenan de bendiciones aun sin darse cuenta. Al salir nuestros hijos de casa para seguir sus suenos, nos dejan el nido vacio de su presencia (aunque no se den cuenta), pero las bendiciones se quedaran por siempre. En ese momento de salida, lo menos que podemos hacer es empacarles en esa ultima mochila que nosotros les preparamos, nuestra mas grande y generosa bendicion no solo para corresponder justamente, sino para hacer patente que lo que para nosotros es una salida, para ellos es la mas maravillosa entrada a su propia autorealizacion y oportunidad de ser felices. Cada quien siguiendo su propio carrousel.

